Primera parte
Hace un tiempo que estoy pensando en la importancia de los trabajos menos remunerados; aquellos que están más abajo en el organigrama y por ende, más lejos del poder.
¿Han pensado alguna vez que pasaría si los basureros dejaran de hacer su trabajo?
¿Han pasado un día en el cual la secretaria se ha enfermado y nadie puede tomar tus llamados o recordarte citas?
Definitivamente habría un caos que va desde ciudades anegadas por toneladas de deshechos hasta “problemas domésticos” que guardan relación con reuniones sin agendar y tareas sin entregar. Eso es lo primero.
Pero me pregunto, cuánta gente ha profundizado un poco más en el tema y se ha planteado el know how que estas profesiones atesoran.
Pongámonos en el siguiente escenario: Una empresa cualquiera necesita “sacar grasa” (optimizar procesos, eliminar cuellos de botella y mejorar su gestión overall). Necesitan lograr procesos magros y hay varias puertas para ello: despedir a los jugadores nivel C, mejorar cadena de suministro, externalizar producción, cortar canales de distribución indirecto, abrir franquicias o bien, recurrir a uno de los bienes incombustibles: las ideas y el conocimiento.
Sin ir más lejos, el otro día conversaba con una señora que hace el aseo en la oficina donde trabajo y le pregunté cómo era su trabajo; si lo encontraba pesado, aburrido, cansador, etc. De la nada, comenzó a listar tareas repetitivas y tediosas e inmediatamente saltó a la vereda de las soluciones. Me empezó a enumerar formas en las cuales podía optimizar su tiempo, dónde conseguir un confort más barato o cómo evitar las bolsas plásticas en los basureros de los baños.
En 15 minutos me di cuenta que esta señora era una verdadera experta en su área y aparentemente yo era el único que lo sabía (en 10 minutos hizo un pitch perfecto donde detectó los problemas, un estado deseado y una serie de acciones para derribar los muros). 
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Cristián en
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