Cuando Douglas Tompkins creó The North Face en honor a la cara menos amistosa del Everest y años después su amigo y socio Yvon Chouinard fundó Patagonia, sólo unos pocos usaban la marca. El core estaba reservado a deportistas outdoor. Aquellos que se rigen por principios como el LNT (leave no trace) y el respeto al medioambiente. Sin embargo las marcas han tomado rumbos absolutamente distintos y este invierno, The North Face ha aparecido en la parte baja de Santiago, en personas gordas, fumadoras o estacionando autos. Nada más alejado de la concepción de la marca y la exclusividad que un producto tan noble como The North Face tuvo en sus orígenes.
Esto claramente se debe a una estrategia de distribución y precios que se ha adoptado en Chile (no sé en el resto de América) lo cual no deja de recordarme lo que la belga Stella Artois hizo al aterrizar en Argentina.
Si bien se mueve en una industria distinta y el escenario era más diferente al de la ropa outdoor, Stella Argentina decidió “popularizar” la marca y meterla de lleno en el retail y almacenes de barrio. Con el pasó de los años, Stella se transformó en la cerveza extranjera más consumida en el país vecino.
¿Y qué pasó en Chile? Pues se copió la estrategia.
No sé ustedes, pero la jugada a mi me hizo ruido; era raro ver un cartel de Stella compitiendo en precio con Cristal y Escudo en un almacén de barrio. El glamour y aspiración que exuda la publicidad de la marca se fue a pique cuando se mezcló con el perraje. Y como bien se sabe, es muy fácil competir con precio, pero vaya que difícil es subirlos una vez que “te vendiste por poco”.
El caso de Stella en Argentina-Chile es bueno para arrancar la idea: Lo que funcionó en Argentina, no tiene porque funcionar aquí (Stella claramente no lidera el segmento premium o masivo en Chile).
Es cosa de ver el caso increíble de Inka Cola derrotando a Coca Cola en Perú (único país del mundo donde pasa esto) o Carrefour fallando estrepitosamente cuando trató de entrar a Chile, tal como le pasó a JC Penny. Si bien las marcas deben pensar global, no pueden olvidar jamás el factor local; “glocal” es el término acuñado para la ocasión.
En fin, antes de desviarme más del tema, vuelvo a The North Face.
Siempre he pensado que las marcas deben discriminar. No tienen porqué gustarle a todo el mundo y tampoco deben ser usadas por todo el mundo. El precio y canales de distribución son maneras sencillas de decir “tu sí, tú no”. Eso no tiene absolutamente nada de malo. No todo es para todos y en el marketing esto está en el libro 101.
Si alguien con pocos recursos decide endeudarse hasta el cuello para comprar un par de zapatillas, allá ellos, pero es esa elusividad la que presenta el atractivo y exclusividad que algunas marcas llevan años construyendo. Si la marca la tiene todo el mundo, pierde el halo.
Pero cuando me meto al retail, cuando me expando a todos los estratos sociales y cuando decido ser masivo por sobre mi historia y principios, el ruido que provoca eso es grande.
Definitivamente algo cambió en The North Face Chile este invierno. Fueron tan agresivos que de seguro los números y los gráficos acusaron una curva pronunciada, sin embargo no sé cuál será el precio que pagará la marca a largo plazo.
Alex Bogusky dice sabiamente que el problema de muchas marcas es el siguiente:
El producto nace contando una historia, pero con el paso de los año y en la medida que se aterriza en distintos países, los quipos de Marketing cuentan una historia que no guarda NINGUNA relación con el origen de la marca. Le pasó a Hummer que empezó como vehículo de guerra y terminó comunicando sofisticación y glamour (si no recuerdan, GM cerro hace varios meses la producción del SUV más devastador del medioambiente).

Douglas Tompkins hizo The North Face para atletas outdoors, para preservar el medioambiente, para auspiciar exploraciones y para defender -al igual que Patagonia- lo más preciado para ellos: el medioambiente.
Pero cuando la marca es usada por alguien con sobrepeso y fumando, todo lo que se construyo, se pone hediondo con humo a cigarro.
Lo que ahora se traduce en ventas rápidas (me aventuro a decir esto) se puede traducir en la cima más difícil de alcanzar para la marca en Chile. Volver al lugar del cual nunca debieron bajar.
Escrito por Cristián
Siempre tengo que estar haciendo algo; si no es aquí, será en otro lado. Inquieto y curioso por naturaleza. En Nativo Digital desde el primer día.
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